La versión de su navegador no está debidamente actualizada. Le recomendamos actualizarla a la versión más reciente.

INTRO

 El punto de partida surgió en la órbita de la Teoría Queer como resultado de dinámicas internas, dando seguimiento a los compromisos del Programa Especial de Equidad de Género. La creencia en el fin de las ideologías, así como la identidad en continua construcción constituyen, pues, un objeto relativamente reciente del saber. Desde esta unidad se fomenta el carácter colectivo de la mayoría de las creaciones científicas, con experiencias previas[1] y contenidos abstractos y transversales. La misma Unidad de Género viene impulsando la incorporación activa en los planes, programas, proyectos y mecanismos de trabajo con miras a lograr una sociabilidad etocrática, de alto valor añadido y dentro de sus respectivos ámbitos de competencia que contribuyan al logro de la igualdad sustantiva.

La articulación del deseo queer se concreta en la práctica de sexualidades no normativas, de un espacio receptivo en el que se requiere establecer mecanismos de acción que lleven a reducir la resistencia del marco legal existente, a través de acciones que beneficien la institucionalización de la Perspectiva de Género. Los géneros y sexualidades disidentes y sus representaciones culturales, de sumo interés y proyección en diferentes espacios socio-educativos, pretende abordar desde un enfoque genealógico la categoría queerness y sus múltiples expresiones. En ese sentido, esta unidad científica busca una interpelación directa a la experiencia autónoma y la lectura y análisis como espacios políticos de creatividad socio-sexual.

Definición de la individualización Queerness no normativa

Si la Teoría Queer se asentó en el ámbito académico, el género queerness se expresa en un activismo coherente, en la medida en que son logros alcanzados a través de la experiencia histórica de realidades sociales contradictorias como la heteronormatividad. El auge autotélico del proceso de individualización y de subjetividad autosuficiente que, sólo obedece a su propia conciencia y afecta al individuo postmoderno, surgió a partir de la crisis de grandes meta-relatos, de los llamados sistemas holistas.

Sobre el discurso en particular de ser concretada una categoría de género, dada su importancia en estos momentos, nuestro máximo exponente <queerness> se fundamenta institucionalizando micropolíticas afectivas de resistencia. Las representaciones sociales de género, desde una perspectiva comparada, han sufrido diversas modificaciones entre otras, las corrientes feministas, las ideologías individuales, la sociología, la psicología, la antropología social y más, específicamente, la antropología de género.

La perspectiva queerness

 El uso trasgresor de los iconos culturales justifica las posibles transformaciones en la academia, representadas en lo particular y lo concreto de las percepciones que se tienen sobre el género. El activismo en materia de diversidad sexual se entiende a través de lineamientos que encaucen el debate de ideas desde un enfoque progresista. Representa la serie de actividades necesarias para poder llevar a cabo el evento inicial de creación de la Unidad de Género, donde se plantean los requerimientos técnicos, materiales, logísticos, económicos y de personal de la Institución que se requieren para tal efecto.

 La vertiente queerness trata de desarrollar una nueva bioética individualista y subjetiva, y, por otra parte, que se deriva de las prácticas sociales. En esta propuesta de la investigación sociológica, la carga simbólica y todo lo que conlleva la naturaleza social del conocimiento científico, en torno a las imágenes de género, sobreviene la idoneidad de la perspectiva construccionista con sus limitaciones y espacios elocuentes. Pero en cuya descripción detallada siempre se incluye la conmensurabilidad del carácter dialéctico de la realidad social. El género, como categoría de análisis universal, conceptualiza y menciona los objetivos, funciones y finalidad, se sirve del paradigma cualitativo y contrasta a su vez con representaciones sociales de dinámicas de dominación contractuales. De modo que, en un contexto de acción se trata de incidir en la investigación social como un estudio de servicio público y fundamentación del paradigma queerness.

Diversidad biológica: un imperativo bioético queerness

 La filosofía de vida integra los saberes y normas de comportamiento en el centro de la reflexión bioética. No obstante, la inclusión de la dimensión social y de género registra datos límites, definidos en virtud de los postulados de la propia ciencia, y en ellos los distintos signos poseen su propio valor independientemente de su uso en el lenguaje. En cuanto a lo específico de los vocablos científico-técnicos, el componente temático y el sociológico desarrolla sus géneros o formas más genuinas para el estudio del lenguajequeerness. La unanimidad rara vez casa con la vanguardia, tanto dentro de la yema como entre la latebra scribendi, que de no ser porque somos recipiendarios de investigaciones severas, la misma sustancia de contenido exige nada de una existencia, hoy planteada como sombría. Aristóteles ya explicó mucho antes que los misterios tenían tres partes: las acciones imitadas, las fórmulas dichas y las cosas reveladas. A todo esto, la disidencia de género es una asimetría inesperada, pues nunca Eros interrumpe nada suficientemente importante, nada más importante que él mismo, que es vivir en la eternidad.[2] Mientras que el poeta escribe, pero asume dicho ejercicio desde el silencio, la disolución del sujeto como una realidad fragmentaria es la expresión de nuestro ideal del cuerpo para el poeta queer de este siglo.



[1] Si los contenidos subjetivos del fenómeno disidente de género forman parte de la realidad estudiada, en esta unidad se requiere ser parte presente del hecho sociológico queerness.

 [2] Alberoni, F. El erotismo, Barcelona, Gedisa, 1986, p. 40.